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Cómo Organizar tu Colección de Nintendo Switch: Guía Completa para Coleccionistas

Cómo organizo mi colección de Nintendo Switch: guía completa (con trucos que sí uso)
Coleccionismo • Nintendo Switch

Cómo organizo mi colección de Nintendo Switch: guía completa (con trucos que sí uso)

Llevo años coleccionando juegos, por lo que todo lo que te cuento, es bajo mi propia experiencia, te voy a detallar cómo ordeno, catalogo y preservo mis juegos de Switch después de años coleccionando. Lo que me ha funcionado, lo que descarté y cómo lo adapto cuando la colección crece.

Guía Lectura 8–10 min

En mi caso, he pasado por muchas etapas dentro del coleccionismo: apilar, reordenar, volver a apilar… hasta que entendí que una colección no es una foto fija, es un organismo vivo. Si coleccionas Switch, sabrás que la uniformidad de lomos rojos ayuda y molesta a la vez: queda limpio, pero cuesta diferenciar a simple vista. En esta guía cuento cómo lo hago yo, por qué y en qué casos cambio el sistema. Si algo te sirve, ya habrá merecido la pena.

Sistemas de organización

Organización alfabética tradicional

Cuando quiero localizar algo concreto, no me complico: alfabético. Es el método que más tiempo me ahorra con colecciones grandes. Mi regla es mantener las sagas juntas dentro de su letra para no romper el relato de cada franquicia. Algunos tips que te recomiendo son:

  • Coloca separadores alfabéticos finos (p. ej., A, M, S, T) en las letras con más volumen para acelerar la búsqueda sin romper la estética.
  • Las ediciones dobles o trilogías las trato como “unidad”: van pegadas y con un spacer o separador fino detrás.
  • Si un título tiene varios subtítulos (p. ej. Shin Megami Tensei), ordeno por la denominación más reconocible que uso al buscarlo.

Organización cromática adaptada

Switch no permite un arcoíris puro, pero sí juego con excepciones: lomos blancos/plateados, negros/grises y ciertas ediciones japonesas. Los uso como marcadores visuales para romper la monotonía sin perder coherencia.

  • Bloques de rarezas: agrupo los lomos blancos, plateados o negros en un rincón visible. Llaman la atención y ayudan a cortar la monotonía.
  • Identidad editorial: cuando un logo o un estilo se repite (SEGA, Bethesda, Limited Run…), los dejo juntos. No es un “orden” en sí mismo, pero el ojo lo agradece.
  • Sistema híbrido: sigo usando el alfabético como base, pero dejo que estos grupos especiales sirvan como pequeñas pausas visuales dentro de las letras más llenas.

Organización por género y temática

Cuando estoy en “modo elegir qué jugar hoy”, el género manda. Tengo zonas separadas para JRPG, plataformas, indies y acción. Con los juegos híbridos, decido según cómo los vivo: si para mí funcionan como aventura narrativa, los coloco ahí aunque tengan combate.

  • Separadores finos con iconos: espada (acción), corazón (narrativa), dado (roguelike), balón (deportes), etc.
  • Si un género crece demasiado, lo subdivido por estudio o por franquicia dominante.

Organización por desarrolladora y franquicia

Para mí, ver la evolución de una saga es puro placer. Mantengo juntas mis líneas de Zelda, Mario, Xenoblade y Bayonetta. Dentro, alterno entre cronológico y “orden de preferencia”.

  • Las ediciones especiales hacen de cabecera de cada saga (dan presencia y contexto).
  • Si una franquicia se desborda, le dedico más balda en exclusiva.
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Estrategias de exhibición

Sistema de rotación estacional

Tengo una balda donde voy poniendo los juegos que me apetecen en esta etapa. No sigo un calendario fijo; simplemente, cuando cambio de ánimo o de ritmo, renuevo esa selección. A veces me da por juegos tranquilos, otras por algo más denso o por ese pendiente que llevo meses queriendo empezar. Me ayuda a rotar la colección sin desmontar toda la estantería.

Separación por estado de conservación

Los precintados están aparte. No por fetiche, sino por practicidad: menos manipulación y cero accidentes. Los “de batalla” (los que juego con frecuencia) viven más a mano. Si voy a vender o intercambiar, este sistema me ahorra horas.

Iluminación y presentación

  • Uso LED cálido-neutral (3000–4000K) con CRI ≥ 90 para que el rojo Nintendo no mute a naranja.
  • Luz rebotada o difusores: ilumino la estantería, no los lomos a quemarropa.
  • Peanas acrílicas bajitas para mostrar una edición sin romper la línea horizontal.

Exhibición por valor de mercado

Las piezas caras y descatalogadas se quedan en vitrina con cristal. Me ahorro polvo, luz directa y sustos. Además, reconozcámoslo: motiva ver ahí el resultado de la caza.

Catalogación digital

Aplicaciones que realmente uso

He probado varias y me quedo con Mi colección de juegos, CLZ Games para el catálogo general y Gameye para testear precios. Escaneo el código de barras y la app recupera toda la información básica del juego al instante: título, estudio, género, plataforma y fecha de lanzamiento. A partir de ahí, yo completo lo importante para mi colección: estado, precio de compra, región, notas personales o cualquier detalle que quiera tener controlado. Lo mejor es ver estadísticas claras: cuántos JRPG tengo, cuántos pendientes, cuántos he terminado, cuántos están precintados, cuántos tengo duplicados por región… Incluso llevo el control de estudios, distribuidoras, formatos especiales y el valor estimado de cada tramo de la colección. Es una forma muy visual de entender no solo cuánto tengo, sino cómo ha ido evolucionando la colección con el tiempo.

Mi hoja de cálculo (el cerebro de la colección)

Por otro lado, tengo una base en Google Sheets con muchísimos campos: título, región, idioma, estado, fecha y precio de compra, valor actual, ubicación (balda/columna), precintado (sí/no), insertos, notas, enlace a fotos, etc…. Esta hoja no es muy complicada de hacer, ya que las aplicaciones que he mencionado, permiten exportar tus juegos a excel para tener tu copia de seguridad, y de ahí lo puedes llevar a GoogleSheets

  • Seguimiento de reediciones: marco si un título tiene varias tiradas o cambios de carátula. Así evito comprar por error una versión que ya tengo.
  • Control de estado real: añado una columna para anotar pequeños detalles como rozaduras, dobleces en la contraportada o si el cartucho tiene marcas. Es información que ayuda muchísimo si algún día quiero vender o mejorar una copia.

Fotografía sistemática

Todo título tiene su mini set fotográfico: portada, lomo, contraportada, cartucho e inserts en caso de estar abierto. Carpeta /A-Z/Título/ en nube y la URL se guarda en la hoja. Para seguros y ventas, esto vale oro.

Figuras y amiibos: el complemento perfecto para dar vida a la estantería

Además de los juegos, me gusta integrar algunas figuras y amiibos en la estantería. No para convertirla en un escaparate caótico, sino para darle pequeños puntos de personalidad que rompan la monotonía de lomos rojos sin saturarlo todo. Igual que las ediciones especiales, las figuras funcionan mejor cuando se usan con criterio, no por acumulación.

Con los amiibos es fácil pasarse, pero si los trato como acentos —no como protagonistas— pueden complementar muy bien una balda concreta o reforzar una zona temática. Un Link cerca de la línea de Zelda, un Shulk junto a Xenoblade, un Samus discreta entre los Metroid… ayudan a identificar sagas sin romper el orden.

En cuanto a figuras de mayor tamaño (First 4 Figures, Banpresto, Nendoroids, estatuillas limitadas), sigo otra regla: si supera visualmente a los juegos, no va con los juegos. Es decir, las mantengo en la parte alta, en vitrinas o en huecos amplios donde puedan respirar. Una figura grande aplasta la estética si la metes entre cajas estándar.

También sirven para equilibrar volúmenes. Si una zona queda muy uniforme o demasiado plana, colocar una figura pequeña o un amiibo en un extremo da una sensación de ritmo visual sin comprometer el alfabético ni la simetría. Son detalles mínimos, pero marcan la diferencia.

  • Amiibos como marcadores: uso uno o dos amiibos para marcar sagas importantes dentro de una misma letra sin necesidad de separadores físicos.
  • Peanas bajas: las figuras pequeñas quedan mejor elevadas 1–2 cm para no perderse entre lomos.
  • Nada de saturación: si una balda empieza a parecer un mercadillo, retiro figuras antes que juegos.
  • Coherencia temática: figuras cerca de la saga que representan, no dispersas sin lógica.

Al final, las figuras y los amiibos no son parte estricta del sistema de organización, pero sí del lenguaje visual de la colección. Sirven para darle identidad y, sobre todo, para recordarte por qué coleccionas lo que coleccionas. Son pequeños guiños que hacen que cada balda cuente una historia propia.

Ediciones especiales: el territorio sin reglas

Las ediciones especiales de Switch son un mundo aparte. No hay homogeneidad, no hay tamaños estándar y no hay forma humana de integrarlas de manera perfecta en una balda pensada para juegos normales. Cada una es de su padre y de su madre: cajas enormes, otras minúsculas, algunas casi cuadradas, otras alargadas, algunas con forma de libro, otras con espacio vacío dentro… Es la parte menos “ordenable” de toda la colección.

Por eso, aquí no aplico reglas fijas. No se puede. La única ley que sigo es la armonía visual: coloco cada edición donde mejor respire y donde no rompa el conjunto. A veces van en vitrina, otras en un estante aparte, y otras simplemente ocupan un hueco que justo les queda bien por proporciones, no por lógica.

Lo importante es que no compitan con el orden del resto de la colección. Las trato casi como piezas decorativas: las sitúo en lugares donde puedan destacar sin romper la línea de los lomos rojos. Al final, cada edición especial te pide sitio por sí misma. Algunas brillan más separadas, otras funcionan mejor cerca de su saga y otras quedan de lujo haciendo volumen en la parte alta.

En resumidas cuentas, las ediciones especiales no siguen la norma porque no hay norma que seguir. Lo único que funciona es lo que te funciona a ti visualmente. Si se integra bien, perfecto; y si no, se le busca un hueco donde luzca sin pelearse con el resto. Es la parte caótica del coleccionismo… y también una de las más divertidas.

Preservación y mantenimiento

Control ambiental óptimo

Mi rango cómodo es 40–60% de humedad y 18–21 °C. Recomiendo mantener la estabilidad y evitar los picos. Las vitrinas cerradas las ventilo un par de veces por semana y coloco silica gel (10–20 g por 30 L), que regenero cada dos o tres meses.

  • Dejo 1–2 cm entre pared y estantería para que el aire circule.
  • Además recomiendo evitar sótanos húmedos y áticos calurosos, a la larga, son enemigos silenciosos.

Protección contra luz solar

La luz UV apaga el rojo con el tiempo y provoca el temido ‘sunfade’. Para evitarlo, mantengo las estanterías lejos de ventanas y uso cortinas opacas (en mi caso, la habitación recibe mucha luz). En las vitrinas, también se puede, añadir cristal con filtro UV, aunque esto es más dificil de encontrar. Y si la luz entra por los laterales, pongo lámina UV en el cristal de la ventana. En mi caso, suelo tener la persiana a media altura y el estor bajado para minimizar la exposición diaria.

  • Evitar más de 1–2 horas diarias de luz directa sobre los lomos.
  • La iluminación de los leds, siempre rebotada, nunca luz directa.

Fundas y cajas protectoras (lo que recomiendo)

Para rozaduras y polvo, el polipropileno sin ácido es lo mejor en relacion calidad/precio, en mi colección combino estos dos tipos de fundas:

Para piezas exclusivas o de alto valor, tiro de metacrilato a medida. Es caro, sí, pero el plus de rigidez y barrera al polvo compensa en ediciones muy buscadas. Este tipo de objetos los suelo comprar por Wallapop

Limpieza y mantenimiento regular

Cada tres meses hago ronda: microfibra + una pizca de agua destilada. Nada de químicos agresivos. Primero la balda, luego las cajas. Y reviso puntos clave: decoloración, grietas, moho incipiente.

  • Para huellas rebeldes, isopropanol al 70% en algodón y pasada rápida (sin insistir).
  • Voy rotando la posición para evitar marcas por presión continua.
  • Para pegatinas rebeldes: cuando compro un juego con etiquetas duras de quitar, uso bencina o gasolina Zippo aplicada muy ligeramente en un algodón. Afloja el adhesivo en segundos sin dañar el plástico, siempre que se use con calma y sin empapar. Eso sí: ventilación, poca cantidad y sin frotar en exceso.

Mi tip personal: separo los precintados de los “de batalla”. Gano tranquilidad y evito aperturas accidentales que duelen al alma.

Finanzas y seguro

Valoración periódica de la colección

Personalmente, reviso valores de los items cada trimestre y anoto “precio pagado” vs “valor estimado actual”. Me sirve para seguros y para decidir ventas en picos de precio en caso de no ser un juego que me llame. No todo tiene que quedarse para siempre.

Seguros específicos

La mayoría de pólizas de hogar no cubren una colección así como así. En mi caso, tuve que pedir una ampliación para que la aseguradora reconociera la colección como un bien con valor de reposición a mercado, no como “juegos usados sin más”. Esto marca la diferencia: si pasa algo, no te pagan lo que te costó hace cinco años, sino lo que vale hoy una copia equivalente.

Para que esa valoración sea seria, llevo un pequeño “dossier” en la nube: fotos actualizadas, recibos de compra cuando los tengo, capturas de precios actuales y un listado detallado. No es un trabajo pesado; lo mantengo al día cada cierto tiempo, y si un día ocurre algo (humedad, robo, incendio…), el papeleo ya está hecho.

Las aseguradoras suelen pedir tres cosas muy concretas cuando la colección tiene cierto valor:

  • Inventario verificable: un listado con títulos, estado y valor aproximado.
  • Evidencia visual: fotos de estanterías completas y, cuando merece la pena, imágenes individuales de piezas raras o caras.
  • Prueba de tenencia: recibos, facturas digitales o capturas de compras online (Amazon, Fnac, eShop física cuando procede).

No todas las compañías trabajan igual, pero muchas aplican un límite por categoría (electrónica, ocio, coleccionismo…) que conviene revisar. A veces basta con subir el límite, y otras es mejor contratar un suplemento específico para colecciones, que suele cubrir también transporte, robos parciales o daños por humedad.

Suena muy técnico, pero en realidad es tan simple como esto: si la colección tiene un valor real, lo mejor es dejarlo reflejado por escrito. Es la única manera de no llevarte sorpresas si toca reclamar algún día.

Estrategia de rotación

Mantengo favoritos, rarezas y piezas con historia. El resto rota: venta o intercambio para financiar nuevas entradas. Llevo una wishlist corta (De unos 10) para no comprar por impulso, aunque mcuhas veces no me puedo resistir a las ofertas.

Crecimiento sostenible

Planificación de espacio

Siempre calculo compras anuales y dejo margen del 10–15% en cada balda, aunque a veces que quedo corto, ya que el nivel de lanzamiento es muy grande. En mi caso prefiero estanterías modulares que crecen a lo ancho/alto antes que reorganizar cada seis meses.

Criterios de adquisición

Debido al gran volumen que ya tengo, mehe tenido que imponer filtros: géneros clave, físicas completas, nota mínima o estudios fetiche. Una colección de 500 juegos excelentes me da más alegrías que 1000 mediocres.

Comunidad

Normalmente me muevo en foros y grupos de Telegram, suele ser lo mejor para estar al día y compartir. Además, ver las estanterías de otros da ideas que luego puedes adaptar a tu espacio.

Reflexión final

Puede que todo esto le parezca una parafernalia a quien no colecciona, y lo entiendo. Medir la luz, ajustar baldas, revisar estados o llevar estadísticas suena exagerado desde fuera. Pero para mí no es una carga: es parte del hobby. Me relaja, me divierte y me hace disfrutar aún más de lo que tengo.

Con el tiempo he aprendido que la colección tiene que trabajar contigo, no al revés. No busco un “orden perfecto”, busco un sistema que me haga la vida más fácil y que proteja lo que valoro. Cuando paso frente a mis estanterías, me sacan una sonrisa, no por lo grandes que son, sino por lo que me trasmiten, así que sé que voy por buen camino.

Al final, se trata de eso: de disfrutar del viaje, de ajustar lo que haga falta y de construir un espacio que hable de ti. Y si algo de lo que hago te sirve, aunque sea un detalle, ya habrá merecido la pena compartirlo.